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Ogier y los demás. Análisis del Rally Monte-Carlo.

Texto: Antonio Oriol | Fotografías: Red Bull Content Pool

Parece que fuera ayer cuando Sébastien Ogier levantaba en Monza su séptimo entorchado en el que posiblemente fuera el Mundial de Rallies más extraño desde que este naciera en 1973, y es que debido a la pandemia provocada por el COVID-19, pilotos y equipos se vieron obligados a parar durante un tiempo y modificar el formato de las pocas pruebas que se pudieron organizar en la segunda mitad del año. Por si fuera poco, la que debiera haber sido la última temporada en activo del piloto de Gap, contó con un Elfyn Evans que se erigió como el rival a batir merced a sus victorias en dos pruebas tan dispares como Suecia y Turquía, dando buena muestra del amplio rango de disparo del galés, que tras una desafortunada salida de pista en las nevadas especiales de Monza veía como su primer título mundial se le escapaba entre los dedos como el que coge un puñado de arena en una playa cualquiera.

Sin apenas tiempo para descansar de la ronda italiana, y con el dichoso virus rondando aún por el globo, arrancaba una nueva edición del World Rally Championship no sin suspense, pues el clásico “season opener” de la máxima categoría de los rallies se vio amenazado hasta última hora por la pandemia, teniendo que reestructurar su itinerario tanto en el número de tramos como en el de especiales a disputar, obligando a los equipos a madrugar más de lo habitual y acabar las etapas prácticamente a mediodía para cumplir con el toque de queda impuesto en el país vecino. Un trabajo ímprobo de los hombres del Automobile Club de Monaco que nunca bajaron los brazos para mantener una fecha tan especial en el calendario sin la cual es difícil comprender esta especialidad, y que en este recién comenzado año, cumplía 110 años de historia.

Pasando al análisis de lo sucedido en las carreteras de los Altos Alpes, no queda otra que, ya no destacar, sino alabar la magistral actuación de un Sébastien Ogier que se ha mostrado intratable a lo largo y ancho del fin de semana, mostrando una superioridad como hace tiempo no se le recordaba y que le llevó a situarse en lo más alto de la tabla de tiempos en más de la mitad de tramos disputados. Pero no nos quedemos en lo cuantitativo sino en los cualitativo, en la forma de arrollar a sus rivales, especialmente en la mañana del viernes, donde dio un auténtico recital en el primer bucle, dejando la moral de sus perseguidores tan congelados como el asfalto, sobreponiéndose incluso a un pinchazo que dio algún atisbo de esperanza a sus compañeros Evans y Rovanperä. Un espejismo. El heptacampeón mundial, cual metrónomo, amplió su ventaja el sábado, y el domingo puso la guinda venciendo una delicada Power Stage que le metía de lleno en los anales de la historia al ser el piloto con más victorias en la decana prueba con ocho triunfos en su haber para devolver a los nipones a lo más alto en el “Monte”, algo que no conseguían desde que Carlos Sainz hiciera lo propio con el Corolla en 1998.

Pero las alegrías para el nuevo Team Principal de Toyota Gazoo Racing, Jari-Matti Latvala, no acabaron ahí, pues Elfyn Evans secundaba al francés en el podium tras un rally en el que no cometió errores de bulto pero donde poco pudo hacer ante el recital de su compañero, dando por buena una segunda posición, siempre bienvenida en los arranques de campaña, que le permitirá seguir en la pomada en loa sucesivos compromisos. Por su parte, sabor agridulce para un Kalle Rovanperä que ya deja entrever que el 2021 puede ser el año de su primera victoria absoluta y al que un trompo y un pinchazo en la etapa final dejó fuera del top 3 en lo que hubiera sido un fin de semana de ensueño para la escuadra japonesa.

Peor le fueron las cosas a los hombres de Hyundai, y eso que el arranque de Ott Tänak el jueves fue de lo más prometedor, firmando dos scratchs que le situaban como la referencia de los hombres de Alzenau. Pero el destino, otra vez el destino (y una mala gestión en cuanto al número de neumáticos de repuesto a portar en el Hyundai i20 Coupé WRC) dieron al traste con su rally, cuando en doble pinchazo, el segundo precisamente en el tramo donde sufrió un fortísimo accidente hace justo un año, le obligaba a retirarse toda vez que el reglamento obliga a realizar los tramos de enlace con los cuatro neumáticos en condiciones de marcha, algo que no hizo el estonio, teniendo que rodar con la llanta en el sueño para llegar a la asistencia, donde dio por finalizado su Monte-Carlo, en todos los sentidos, pues una de las cosas que hace diferente a esta mítica prueba es la imposibilidad de reengancharse para la última jornada.

En cuanto a Thierry Neuville, tercera posición que sabe a gloria tras el abrupto cambio de copiloto en los días previos, cambiando a Nicolas Gilsoul por el joven Martijn Wydaeghe que tuvo su primera toma de contacto con el coche de carreras en el primer tramo del jueves, adaptándose a la perfección y cumpliendo el expediente de manera más que satisfactoria. El belga, que siempre da la cara cuando las cosas se ponen difíciles, marcó el mejor tiempo en las dos especiales más delicadas del rally, salvando los muebles con un resultado que ni él mismo pronosticaba en la previa, donde declaraba que su objetivo era acumular kilómetros y adaptarse lo mejor posible a su nuevo navegante, algo que sin duda cumplió con creces.

Por su parte, Dani Sordo tuvo que remar a contracorriente desde los primeros compases debido a los unos problemas con el diferencial primero, y más tarde con una monta de neumáticos que resultó no ser la mejor, mejorando de forma consistente sus cronos a partir de ahí y sumando unos buenos puntos para Hyundai Motorsport, cumpliendo una vez más a las mil maravillas su papel de hombre de equipo en lo que fue su despedida de Carlos del Barrio, copiloto con el que ganó su primera prueba mundialista allá por 2013 y que ha estado a su lado en los momentos más importantes de su carrera deportiva, dejando ahora el testigo en manos del madrileño Borja Rozada.

La cara amarga fue para M-Sport, que veía como a las primeras de cambio Teemu Suninen, su punta de lanza, sufría un aparatoso vuelco nada más comenzar cuando iba pintando los parciales en verde, dejando toda la responsabilidad en manos de un Gus Greensmith que se limitó a pasar por los tramos con el objetivo de no incrementar la factura en chapa y pintura de los británicos. Un duro varapalo para el único equipo privado que sigue todo el mundial y que ya espera como agua de mayo la llegada de Adrien Formaux, esperando repetir con él la operación que en los últimos años han hecho con pilotos como Tänak o más recientemente Evans, la de cantera de futuras estrellas gracias a las cuales ingresar lo necesario para asegurar su subsistencia. La joven perla de la Federación Francesa compaginará su programa en WRC2 con varias participaciones en el “hermano mayor”, empezando por este fin de semana, donde ha plantado cara a Andreas Mikkelsen con el Fiesta R5 hasta que un pinchazo le dejaba sin opciones, pero dejando muy buen sabor de boca.

Tras este intenso comienzo de mundial, los equipos tendrán un mes de descanso antes de afrontar una de las novedades de última hora como es el Arctic Rally, que vendrá a sustituir a Suecia como prueba invernal y donde a buen seguro tanto Tänak como Rovanperä querrán reivindicarse después de un Monte-Carlo que no ha salido como esperaban, mientras que los Ogier, Neuville y Evans buscarán seguir con la buena dinámica mostrada en este arranque del World Rally Championship.

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